sábado, 2 de febrero de 2008

DEL PECADO DE AMARTE



Del pecado de amarte no estoy arrepentida,
aunque un oscuro abismo nos separe a los dos,
en tanto que risueña te doy mi despedida,
mis ojos se iluminan para decirte adiós.

No nos debemos nada. Tú me diste tu boca
limpia como el agua fresca del manantial;
y te enlacé en mis brazos, amorosa y sensual,
y apagué en la cisterna mi sed ardiente y loca.

Peregrinos errantes, nuestra ruta seguimos.
Si dos sendas opuestas al azar elegimos,
¿por qué nos rebelamos con violenta actitud?

ROSARIO SENSORES
MEXICO

RETORNO DE LA AUSENCIA


La ausencia se repite en el reloj
siempre
con esa pausa de lo eterno
inacabablemente
su imagen se hace eco en el espejo
Al final de la tarde
su aliento se hace fragil y entristece
el viento se va al mar y muere
y yo descubro que el palpitar de la noche
es la lluvia
y que la soledad es un recuerdo
que te nombra
Después del olvido el final empieza
y soy la nada
esa nada que se inventa al morir
y al tocar el rostro del silencio.

CLARIBEL DÍAZ
REPÚBLICA DOMINICANA

EL POETA, LA MUSA Y LA POESÍA


El poeta, la musa y la poesía
vivían en perfecta comunión,
el poeta las amaba,
la musa los amaba
y la poesía se dejaba amar.
La musa dejó de querer al poeta
y este amó aún más a la poesía
y refugiándose en ella
un poema de despecho o de nostalgia
dedicaba a la musa cada día.
Vinieron nuevas musas, muchas musas,
que lo hicieron feliz,
pero aceptando cada vez menos
la existencia en sus vidas
de la extraña pasión
del poeta enamorado,
hasta que una lánguida musa
de extrema belleza
y hambriento sexo
le dio a escoger y él escogió.
Hoy el poeta vive feliz con su musa,
menos lánguida,
más vieja, menos bella,
con el sexo harto de parir musitas y musitos,
aunque en noches clandestinas y tardes solitarias
va a encontrarse con su Amor
que ahora es La Otra.

ANDRÉS PENA
CUBA

viernes, 1 de febrero de 2008

SONETO LXXXIX


Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.

Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.

Quiero que lo que amo siga vivo
y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,

para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.

PABLO NERUDA
CHILE

OTOÑO


En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

OCTAVIO PAZ
MÉXICO

CANCIÓN EN BLANCO Y EN ROSA


Mujer blanca, mujer rosa.

Se me acerca o se va lejos.
Por virtud maravillosa,
se me vuelve mariposa
en un mundo de reflejos.

Mujer blanca, mujer rosa.

Se me acerca o se va lejos.
Incendiándose, se endiosa
en la luna misteriosa
del país de los espejos.

EVARISTO RIBERA CHEVREMONT
PUERTO RICO

ROSA TÚ MELANCÓLICA


El alma vuela y vuela
buscándote a lo lejos,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo.
Cuando la madrugada
va el campo humedeciendo,
y el día es como un niño
que despierta en el cielo,
Rosa tú, melancólica,
ojos de sombra llenos,
desde mi estrecha sábana
toco tu firme cuerpo.
Cuando ya el alto sol
ardió con su alto fuego,
cuando la tarde cae
del ocaso deshecho,
yo en mi lejana mesa
tu oscuro pan contemplo.
Y en la noche cargada
de ardoroso silencio,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo,
dorada, viva y húmeda,
bajando vas del techo,
tomas mi mano fría
y te me quedas viendo.
Cierro entonces los ojos,
pero siempre te veo
clavada allí, clavando
tu mirada en mi pecho,
larga mirada fija,
como un puñal de sueño.

NICOLÁS GUILLÉN
CUBA

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